Todos sabemos lo que es dedicar muchas horas al día a algo que no nos gusta. Sentir que nuestro talento y nuestra vida se está desperdiciando.

Así es, en ocasiones la vida nos obliga a dedicar nuestro tiempo a actividades que parecen causarnos una profunda infelicidad. Pero aunque ese proyecto o trabajo no sea vocacional puedes intentar disfrutarlo y sobre todo aprender de él. He aquí algunos de los hábitos que te ayudarán a conseguirlo:

    •  Establece tus prioridades y busca tu propia satisfacción. ¿Qué es lo que realmente te gusta y te hace sentir bien? Seguro que sea cual sea ese proyecto en el que estás inmerso o ese trabajo temporal que has aceptado, encontrarás algo que haga de esta etapa una época más amable de recordar de lo que imaginas. Céntrate en ello y haz de esos momentos tu recompensa.
    • Piensa que no existen las vidas monótonas, sino las personas monótonas. Aunque tu actividad sea la más gris del mundo, no existen dos días que sean iguales. Es tu actitud la que va a contribuir de forma decisiva a que percibas esa realidad como una repetición. Todo suma, todo aporta y cambia más de lo que imaginas si procuras mirar con nuevos ojos cada día y sin ideas preconcebidas. Sí: lo de abrir la mente es un tópico, pero funciona.
    • Sé la mejor versión de ti mismo. Hagas lo que hagas, da lo mejor de ti. La recompensa del trabajo bien hecho no está ligada a lo mucho o poco que te gusten determinadas tareas o circunstancias.
    • Enfócate en el proceso y no en el resultado. Exprime cada fase del trabajo, ve hasta el fondo y deja que te enriquezca. Si lo haces siendo la mejor versión de ti mismo, crecerás, saldrás fortalecido y reforzado: no importa si te sale bien o no, porque tú siempre ganarás. Nadie podrá quitarte eso: el éxito está asegurado.
    • Diviértete y sé creativo. La creatividad y la innovación se pueden aplicar en mayor o menor medida a cualquier materia, a cualquier trabajo, a cualquier situación. No pienses que porque no estás en una agencia creativa o en un set de grabación no puedes hacer la cosas más coloridas y divertida, o simplemente de otra forma. Aunque haya poco margen, siempre existe un espacio para el juego. Cambia las reglas de forma sutil, da un toque especial a tu mesa de trabajo, personaliza la forma de saludar a cada cliente…
    • Crea tus propios estándares de excelencia y conviértete en la persona con la que te gustaría trabajar. Establece tus metas y valores, mide según tú y para ti y conviértete en tu propio mentor. Si no encuentras inspiración en compañeros y/o jefes, sé tu propia inspiración: sé empático, trátales cómo te gustaría que te trataran. En definitiva: sé tu propio referente.
    • Sé agradecido. No seas pesimista, no es tu estilo: todo tiene un lado bueno. O al menos, placentero. O divertido, o llevadero… Contémplalo, que lo que te falta no te impida ver lo que hay. Y no: no te decimos que podría ser peor. Ese no es el pensamiento adecuado, sino el de agradecer lo que sí tienes. No desperdicies nada bueno que la vida te traiga por ingratitud.
    • Da de forma desinteresada. Quizá el altruismo sea la virtud más complicada de cultivar. Pero sin duda, es la más gratificante si aprendes a sentir la satisfacción que procura ser verdaderamente generoso. Evita convertirte en un salvador en busca de medallas: ayuda de verdad, silenciosamente. Hazlo sin pedir nada a cambio. Sin esperar reconocimiento alguno: tendrás el premio asegurado. Deja que sean otros los que esperen. Haz. Crea belleza.
  • Cree en ti. Siempre. Aprende a recibir las críticas, a encajarlas, a aprender con humildad. Pero jamás pierdas la fe en ti mismo. Es la única seguridad que encontrarás en este mundo.

En definitiva, todo lo que de verdad te pertenece, te procurará la alegría necesaria para afrontar esos tiempos y situaciones difíciles con animosidad. No tendrás miedo a que las cosas cambien si eres tú quien decides asumir el mando.

Foto: PH Amy Martino